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Ontinyent

 

HISTORIA DE ONTINYENT

Textos extraídos de www.turismo.ontinyent.es

 

Introducción

La ciudad de Ontinyent se encuentra en las comarcas centromeridionales valencianas, enclavada en el sector occidental de la comarca de la Vall d’Albaida, rodeada de buenas tierras de cultivo y cerca del río Clariano –o río de Ontinyent.

La ocupación humana de su territorio está documentada desde la época prehistórica. La cueva la Hedra sería uno de los primeros asentamientos conocidos, pero hay unos cuantos yacimientos de finales del neolítico, como el arenal de la Costa, así como numerosos poblados de la Edad del Bronce, entre los cuales destaca el cabeço de Navarro. También hay documentados otros restos ibéricos, sobre todo tardíos, siglos III-I a.C., en las zonas próximas al actual núcleo urbano, como por ejemplo las del teular de Mollà, donde ahora se encuentra el polideportivo municipal.

De la época romana se conoce la existencia de diversos asentamientos agrícolas de pequeña entidad repartidos por el territorio, como ahora la casa Baixa o el Agrillent. La mayoría son de la época de August o las primeras décadas del siglo I d.C., algunos de los cuales sólo perduraron hasta mediados o finales del siglo II d.C., mientras que otros prosiguieron, seguramente, hasta el siglo V d.C., como sería el caso, por ejemplo de Presencia –1 o San Vicente.

Asímismo, ninguno de los asentamientos romanos conocidos hasta ahora se ubica en el que después será el núcleo urbano medieval de Ontinyent, la Vila, a pesar de que debió de haber alguno en las cercanías por ser uno de los sectores más fértiles y con las mejores tierras del término. De hecho, el nombre de Untinyân mismo, claramente preislámico, es seguramente lo que ha subsistido de un nombre de origen latino. Es por eso que cabe destacar el descubrimiento (y excavación parcial) de lo que sería un amplio yacimiento romano en el Llombo –zona inmediata al sur del actual polideportivo–, de amplia perduración cronológica. También se han podido documentar arqueológicamente los restos de un extenso cementerio tardo-romano, o visigodo en el bancal del Cel (casa Calvo), a unos 2 km al sur del núcleo urbano medieval, con cerca de un centenar de tumbas, aproximadamente del siglo VI d.C.,  y más recientemente un núcleo de silos de los siglos VI-VII en la apertura de la calle de les Monjas Carmelitas, cerca de la misma Vila.


El período andalusí

De los primeros siglos de la época andalusí –de Al-Andalus, nombre que recibía la península durante el dominio islámico– hay pocos datos, ya que son muy escasos los testimonios materiales o los ignoramos. Sería en estos momentos o poco después cuando se estableció un importante núcleo de población en el Castellar, a unos 3 km al sur, acotando con Bocairent, en un lugar escarpado y con una larga muralla, que perduraría hasta a principios del siglo XI, finales del califato omeya.

Dispersas por el territorio había una serie de alquerías, de cronología diversa, de las cuales solamente algunas, contemporáneas al hisn Untinyân, y que restarán hasta el momento de la conquista, son citadas para la documentación, como Iel·las –Morera– o Benarrai.

También pertenecen a esta época andalusí los grupos de cuevas artificiales inaccesibles (cuevas-ventana de cingle), como por ejemplo las ventanas del Pou Clar o covetes dels Moros de los barrancos entre Ontinyent y Bocairent, destinadas a graneros comunales o almacenes de seguridad de algunas comunidades campesinas andalusíes, probablemente de ascendencia bereber.

Con todo esto, el núcleo urbano antiguo de Ontinyent –la Vila– está documentado desde el siglo XI, en que es citado por Ibn al-Abbar como un lugar de nacimiento del poeta al-Untinyaní. En el siglo XII, al-Idrisi cita el castillo de Ontinyent (hisn Untinyân) como etapa en el camino de Murcia a Valencia. Los numerosos hallazgos mobiliarios –cerámicas, etc. – procedentes de las excavaciones arqueológicas a la Vila documentan bastante bien estos siglos finales del dominio islámico. Así mismo, son pocos y escuetos los restos estructurales que han pervivido hasta la actualidad.

 

El nacimiento de una villa

El proceso de ocupación y colonización cristiana de la Vila de Ontinyent, hace ahora poco más de 750 años, comportó un rompimiento definitivo con el pasado i la creación de una nueva realidad demográfica y poblacional. “Els sarraïns” (miembros de una tribu del norte de Arabia), desaparecieron del núcleo urbano de la Vila en el transcurso de los cincuenta años siguientes, posiblemente como consecuencia de alguna de las revueltas musulmanas (1247-1248). Así y todo, tenemos indicios que unos pocos judíos también residirían.

Algunos de los rasgos característicos que conforman la identidad de el Ontinyent de los nuestros días los hemos de rastrear a partir del siglo XIII: la lengua y el origen étnico de la inmensa mayoría de nuestros ontinyentins se explica por esta circunstancia, ja que los colonos cristianos eran no solo, pero sobretodo, catalanes. Es en este momento que se produce la incorporación al reino cristiano de València y a la Corona de Aragón, en el curso de la onda de expansión territorial protagonizada por el Occidente europeo feudal. Como consecuencia de eso se romperá la continuidad de la población que ancestralmente se había sucedido des de la noche de los tiempos, desde que los primeros humanos poblaron esta tierra. Los descendientes de aquellos colonos i guerreros llegados del norte somos, entre otras aportaciones demográficas posteriores, los actuales ontinyentins.

 

Un bastión de la frontera valenciana

Aunque es conocido que Ontinyent fue Vila Reial con voto en las Cortes del Reino de València, durante la etapa medieval hubieron algunos momentos en que pasaron a manos de diversos miembros de la familia real (el infante Pere, el infante Ramón Berenguer, la reina Elionor) o de la nobleza (Jaspert de Castellnou, los Vilaragut). Hubieron momentos, incluso, en que pertenecieron a la ciudad de València (1383) con el objetivo final de evitar que perdiera la vinculación al Real Patrimonio. Los reyes de la Corona de Aragón siempre apostaron por mantenerla vinculada, por su importancia estratégica y su tamaño.

Estos primeros siglos medievales significaran la consolidación de una comunidad humana y un proceso de simplificación de la estructura de la población entorno del núcleo urbano actual. Las numerosas alquerías del vasto término ontinyentí se vieron simplificadas a finales del siglo XIV a tan solo tres núcleos: l’Agrillent (parte norte del término), Morera/Aiells (parte de poniente) y Agullent (parte de levante).

El Ontinyent medieval se caracteriza por otra circunstancia trascendental: la Vila era un bastión fortificado (casi inexpugnable) en la frontera con Castilla, junto a Bihar, Caudete y Xàtiva y, por tanto, cercano también al reino musulmán de Granada. Esta circunstancia (el interés estratégico de la población) ayuda a explicar la decisión de expulsar a los sarraïns. A pesar de eso, la incorporación del sur del reino per Jaume II en el 1304 atenuará un poco ese carácter fronterizo que, con la unión dinástica de las coronas de Castilla y Aragón des de los Reyes Católicos, irán desvaneciéndose progresivamente a lo largo de la época moderna.

El nombre de los incidentes bélicos fronterizos es abrumador, pero nos da una idea muy próxima del ambiente que se vivía: catorce ocasiones entre 1312-1501. Y eso sin contar los episodios bélicos: 1296-1304, 1356-1375 i 1429-1430, donde las pérdidas humanas y materiales fueron muy numerosas y la magnitud de los combates también, que en algunos casos eran auténticas batallas campales con contingentes de miles de contendientes. Algunos de estos episodios están relacionados con el contenciosos para la delimitación hacia ponente del término, que va a generar un largo contenciosos con la Vila castellana, en aquel entonces de Villena des de principios del siglo XIV hasta 1502, cuando Ontinyent hubo de librar la franja más occidental de la vall del Alforins (els Alforins de la Safra). Una consecuencia indirecta de esta dinámica será el periodo durante el cual Ontinyent adquirirá i incorporará a su término la vila valenciana (hoy en la provincia de Albacete) de Caudete durante el periodo 1446-1470. En agosto de 1470 Ontinyent liberará la vila de Caudete de nuevo a la Corona con el objetivo de conservar su lugar de Agullent y conjurar la venta que el poderoso cardenal Lluís Joan del Milà i de Borja- señor de les baronías de Albaida, Bèlgida y Otos- negociaba con el rey Joan II.

Estos primeros tiempos no fueron fáciles para la gente que llegaba del norte. Entonces se consolidaba la ocupación y el asentamiento de los colonos en una peligrosa tierra de frontera. Des del primer momento de la existencia de la vila cristiana, se hizo notoria una diferenciación social muy notoria entre las familias de colonos ontinyentines. Otra característica de estos momentos fundacionales es la incesante movilidad de gente, que llega, que se queda, que va y que viene, exitosa en unos casos, fracasa en unos otros, eso se traduce en un arraigamiento a la Vila o en su paso sin solución de continuidad. En estos procesos tenemos que encontrar la configuración, siempre compleja de la comunidad humana el hilo conductor.

 

Una populosa villa real

La revuelta de la Germanía (1519-1522) será el pórtico de los siglos modernos. Ontinyent tendrá un papel protagonista en la revuelta, tanto pr el conjunto de la Vila como algunos de sus hijos más destacados: caso de los líderes militares Esteve Urgellés (capitán general de la Germanía valenciana) y Melcior Torró (capitán local). Es una de las coyunturas históricas más relevantes y también mejor conocidas. La vila fue, como el resto de la Vall d’Albaida, uno de los escenarios y teatro de operaciones principales: escenario de combates en enero de 1522 y sede del ejercito del virrey durante los dos meses siguientes. Las destrucciones fueron cuantiosas y las muertes directas y indirectas (por epidemias de peste y tifus) numerosas.

Si a lo largo del XV se generalizan las dificultades demográficas, sobretodo a mediados de la centuria, desde la Germanía hasta sus dos últimas décadas del quinientos asistimos a un significativo crecimiento demográfico: en 1548 la vila (comprendiendo Agullent) ya supera los 1.000 vecinos. Una consecuencia directa de esta bonanza demográfica y económica (agrícola y manufacturera) será la segregación de Agullent (de la categoría jurídica de lugar a la de universidad, inferior a la de vila, en 1585) que había alcanzado entonces una entidad o tamaño que le permitió el éxito en el proceso de independencia municipal. A pesar de eso, la peste de 1600, con una incidencia terrible, será un factor determinante que parará el proceso expansivo. Uno de cada diez ontinyentins murió en aquella epidemia.

La traducción urbanística de la expansión de los factores productivos será la aparición de nuevas calles y el crecimiento del Raval hacia levante (hasta les Cases Noves, en la calle Major). Es el momento también de la construcción de la iglesia de Sant Miquel sobre la base de la ampliación de una antigua ermita medieval del siglo XIV. EN estos momentos se produce un profundo cambio en la estructura urbana de la vila: la construcción de la barbacana (des de 1542) y el traslado de las dependencias y servicios públicos municipales de la ciutadella fortificada de la Vila (alrededor de la antigua plaza del Castell, actualmente de Sant Roc) a la plaza Major. La tendencia empieza con la incitativa de construir una nueva casa del consejo(denominada la Sala) a finales del cuatrocientos y se completa en unos cincuenta años con la ubicación adyacente del nuevo almudín (1542), la lonja del Mustassaf (1578) y otros servicios. El Raval irá ganado peso específico progresivamente. Se trata de un fenómeno urbanístico más amplio, de carácter general, no solo municipal: empieza a ser preferible la residencia en el Raval que en la Vila. Con eso irá tomando mayor excelencia la calle Mayor.

Otra evidencia visible de la expansión demográfica será la creación y construcción de nuevos conventos y monasterios en las cercanías de la Vila: primero el de los dominicos en 1513, el de los franciscanos en 1573, el de las monjas carmelitas descalzas en 1574, el de caputxins en 1598 y finalmente el de los alcantarins en 1611. EN algunos casos sobre la base de la donación de ermitas medievales: Sant Joan, Sant Antoni y Sant Cristòfol los tres primeros y en el caso de las monjas sobre la ermita precedente de la Puríssima Sang.

La expulsión de los moriscos el año 1609 definirá definitivamente la estructura del poblamiento valenciano, heredera del proceso de ocupación y colonización cristiana del siglo XIII. Después de la limpieza étnica de 1609, la participación de Ontinyent en la repoblación postmorisca será decisiva: 500 casas o familias salieron de la Vila para poblar buena parte de las poblaciones de moriscos de la comarca y, incluso, algunas poblaciones de las comarcas cercanas. En cuarenta años pasa de 1.350 en 1609 a 850 en 1646. A pesar de esto, la Vila continuaba siendo una de las diez poblaciones más importantes del Reino de València.

Las décadas posteriores a la expulsión de los moriscos se produce la reestructuración de los factores productivos: a finales del seiscientos ya se observan indicios de cambio de coyuntura, tendencia que se consumará ampliamente en el setecientos en la economía de Ontinyent: en este momento se constata una profunda crisi de la manufactura de la lana ontinyentina que explicará que nada no volverá a ser como antes y que a partir de ahora el liderazgo del distrito textil pasará a Alcoi y a Bocairent. Como prueba rotunda, el gremio de fabricantes de paños de lana, la punta de lanza de la manufactura pañera ontinyentina, había llegado a cotas mínimas en 1658, cuando se liberalizará la producción.

En la revuelta conocida como la Segunda Germanía (1693) constatamos la participación directa de las poblaciones de la ladera del Benicadell y implicaciones a toda la comarca, especialmente en el marquesado de Albaida. Las implicaciones de Ontinyent fueron también importantes, concurriendo las milicias de la Vila en el ejercito que desbarató las revueltas a Setla de Nunyes (el Comtat).

La Guerra de Sucesión al trono de la monarquía hispánica (1701-1715; 1705-1710 al territorio valenciano) tendrá una amplia incidencia. Se ha de remarcar que la Vall d’Albaida se decantó mayoritariamente a favor de la causa del archiduque Carles d’Àustria, pero de manera especial Ontinyent. Los efectos de la Guerra de Sucesión fueron considerables: el hambre de 1705-1707 fue la más terrible crisis demográfica del periodo 1600-1900. Durante el conflicto se produjo el bombardeo y la ocupación por las tropas borbónicas de Murcia y Orihuela en febrero de 1706. Ontinyent tubo que pagar una dura contribución de guerra para librarse del saqueo. Tras la derrota de Amansa (25 de abril de 1707) Ontinyent se rindió al mariscal d’Asfeld: fue la primera vila valenciana en hacerlo. La causa fue la amenaza directa del cruel militar borbónico de someter la Vila a la pena de fuego y saqueo. Después de la batalla de los campos de Almansa, el Reino de València cayó casi por completo en manos de las tropas de Felip de Borbó. Se sucedieron los decretos de Nueva Planta que asimilaron nuestro país a las leyes castellanas, incorporándose a Castilla como una provincia más. Eso significaba la derogación del ordenamiento foral y el borrado y la partida de defunción de la personalidad política del Reino de València, con la pérdida dels furs y del autogobierno. La administración fue militarizada des del momento de la ocupación: el máximo representante de la corona al territorio valenciano era el capitán general. La coyuntura expansiva facilitó la progresiva asimilación provincianista de la mano de la implantación de la administración borbónica. A partir de los decretos de Nueva Planta los borbones instauraron una nueva división administrativa que adscribía la mayoría de la comarca, exceptuando Agullent (en Montesa), a la gobernación - corregimiento de Xàtiva, de la cual se segregará la de Ontinyent en 1752, el término de la cual constituiría un corregimiento distinto. Los ayuntamientos suplantaran los consejos de la organización municipal.

El setecientos se caracteriza por la expansión de los indicadores económicos. Ontinyent se beneficiará de su posición en el distrito textil- región económica de Alcoi-Ontinyent, embrión del desarrollo futuro de la taca de aceite del textil valenciano. Pero el escenario principal del crecimiento ontinyentí no será la manufactura (como en el empuje de los siglos XV-XVI) sino el campo, donde la coyuntura expansiva empuja una agricultura comercial muy dinámica y se traduce en la expansión de las áreas cultivadas sobre las áreas marginales. La evidencia urbanística del fenómeno será la proliferación de las masías, empezada en el siglo XVII pero desarrollada plenamente en el XIX. Al mismo tiempo, se constata también una polarización social creciente, con procesos de proletarización y de desposesión campesina que se refleja en una estructura de la propiedad cada vez más polarizada.

Es el momento en que se constata la expansión urbana generalizada y la renovación de los templos: reforma en profundidad de Sant Miquel del Raval y construcción de remate de su campanario (1770), portada de Sant Francesc, construcción del templo del convento de las Carmelitas, remate del campanario de Santa Maria, construcción del oratorio de los jesuitas y del templo de San Carles Brromeu (embrión de la futura parróquia). La expansión obligará también a derrocar diversos portales que permitían el acceso al núcleo abierto (Sant Francesc, del Riu, etc). Es el momento de la creación del barrio del Poble Nou, entre el convento de Sant Domingo y el dels alcantarins.

Referente a las calamidades naturales, se han de remarcar las grandes riadas de 1511, 1570, 1597, 1689 i 1797; los terremotos de 1748 i 1802 que tuvieron escasa incidencia, las graves inundaciones en 1778 (diluvio de Sant Francesc); la notable incidencia de la última plaga de langosta, en 1757.


Un siglo convulso

El XIX es una centuria muy convulsa, llena de sacudidas sociales, transformaciones políticas y cambios económicos. Es el siglo del triunfo de la burguesía, una clase emergente que ahora obtendrá una victoria costosa sobre el sistema de gobierno absolutista y desplegará toda la panoplia de medidas constitucionales liberales, desde la promulgación de la constitución de 1812. Desde entonces se empiezan las luchas entre liberales y absolutistas, que perduraran hasta el triunfo de la revolución burguesa española (1833/34-1843) y aún se alargarán más. Las fuerzas que les protagonizaban (las elites burguesas) podrán desplegar, ahora con éxito, las medidas que comportarían el desmantelamiento del Antiguo Régimen y posibilitarían la articulación de las relaciones sociales y formas de propiedad capitalistas, de acuerdo con los criterios del liberalismo imperante en aquellos momentos. Poco a poco, el estado liberal irá derogando el núcleo jurídico del Antiguo Régimen: el privilegio, es decir, la desigualdad delante de la ley y, por descontado, el señorío, los derechos jurisdiccionales de los señores territoriales.

Era el nacimiento de una nueva sociedad, presidida por las relaciones sociales de tipo capitalista en la cual la burguesía pasará a ejercer el poder. Como clase dominante utilizará los resortes de poder para rentabilizar su costosa preponderancia. Se desplegará una legislación liberal y oligárquica que le permitirá acceder a la propiedad de bienes hasta entonces fuera de su alcance: se suprimirán los señoríos territoriales y se disolverá el Antiguo Régimen, se privatizaran los bienes comunales, se desamortizaran los bienes de las órdenes religiosas. Serán procesos dilatados y arduos, con paradas y cometidos según las coyunturas políticas de cada momento. La polarización social apuntada des del XVIII se acentuará aún más y la desamortización favorecerá el crecimiento de las grandes propiedades. Se trata de procesos que profundizarán las grietas sociales.

La oposición a este proceso vendrá de las filas del radicalismo monárquico y católico, muy pujante en Ontinyent, como lo prueba el motín de la Puríssima (marzo de 1823). Poco después, el carlismo nacerá como la reacción de los partidarios del absolutismo y de los grupos sociales descontentos o damnificados por los procesos antes descritos, aunque la composición sociológica del carlismo es bastante más compleja. Indudablemente el XIX es el siglo de les guerras carlinas, con episodios de relevancia: enfrentamiento armado en la cercana Albaida en 1836 i en 1873 la ocupación de Ontinyent a manos de los carlinos comandados por Santés y la derrota carlina en el llano de Ponce-Camorra (Ontinyent-Bocairent).

Ontinyent es uno de los núcleos carlinos más relevantes del País Valencià. Las evidencias: el numeroso contingente de voluntarios que aporta al ejercito carlino en la última de las guerras i las graves dificultades de los diferentes gobiernos municipales que se suceden durante el tercio central del siglo para poder articular una administración efectiva y eficiente del Ayuntamiento. Es el momento también del nacimiento de La Previsora (1884), embrión del actual Caixa d’Estalvis d’Ontinyent.

Al mismo tiempo, la aportación humana de Ontinyent al sistema político liberal será notable. Una generación entera con figuras tan relevantes como el mejor compositor del siglo, Josep Melcior Gomis i Colomer; Miquel Osca i Guerau, Lluís Maians i Enrique de Navarra, ministres i president de les Cortes Españolas en diversas ocasiones; Enric Dupuy de Lôme, diputado en cortes y embajador en Whasington durante la guerra de Cuba; Josep Iranzo, diputado en cortes y alcalde de València; els Nadal, etc.

Pero hay sombras causadas por las coyunturas difíciles, como los diferentes episodios epidémicos: tifus en 1812 por el paso de un hospital de campaña (Albaida), ciclo del cólera en 1834, 1854-1855, 1865, 1885 i 1890; lluvias torrenciales y riadas en 1885 (riada de Sant Carles).


El siglo XX

El XIX es una centuria muy convulsa, llena de sacudidas sociales, transformaciones políticas y cambios económicos. Es el siglo del triunfo de la burguesía, una clase emergente que ahora obtendrá una victoria costosa sobre el sistema de gobierno absolutista y desplegará toda la panoplia de medidas constitucionales liberales, desde la promulgación de la constitución de 1812. Desde entonces se empiezan las luchas entre liberales y absolutistas, que perduraran hasta el triunfo de la revolución burguesa española (1833/34-1843) y aún se alargarán más. Las fuerzas que les protagonizaban (las elites burguesas) podrán desplegar, ahora con éxito, las medidas que comportarían el desmantelamiento del Antiguo Régimen y posibilitarían la articulación de las relaciones sociales y formas de propiedad capitalistas, de acuerdo con los criterios del liberalismo imperante en aquellos momentos. Poco a poco, el estado liberal irá derogando el núcleo jurídico del Antiguo Régimen: el privilegio, es decir, la desigualdad delante de la ley y, por descontado, el señorío, los derechos jurisdiccionales de los señores territoriales.

Era el nacimiento de una nueva sociedad, presidida por las relaciones sociales de tipo capitalista en la cual la burguesía pasará a ejercer el poder. Como clase dominante utilizará los resortes de poder para rentabilizar su costosa preponderancia. Se desplegará una legislación liberal y oligárquica que le permitirá acceder a la propiedad de bienes hasta entonces fuera de su alcance: se suprimirán los señoríos territoriales y se disolverá el Antiguo Régimen, se privatizaran los bienes comunales, se desamortizaran los bienes de las órdenes religiosas. Serán procesos dilatados y arduos, con paradas y cometidos según las coyunturas políticas de cada momento. La polarización social apuntada des del XVIII se acentuará aún más y la desamortización favorecerá el crecimiento de las grandes propiedades. Se trata de procesos que profundizarán las grietas sociales.

La oposición a este proceso vendrá de las filas del radicalismo monárquico y católico, muy pujante en Ontinyent, como lo prueba el motín de la Puríssima (marzo de 1823). Poco después, el carlismo nacerá como la reacción de los partidarios del absolutismo y de los grupos sociales descontentos o damnificados por los procesos antes descritos, aunque la composición sociológica del carlismo es bastante más compleja. Indudablemente el XIX es el siglo de les guerras carlinas, con episodios de relevancia: enfrentamiento armado en la cercana Albaida en 1836 i en 1873 la ocupación de Ontinyent a manos de los carlinos comandados por Santés y la derrota carlina en el llano de Ponce-Camorra (Ontinyent-Bocairent).

Ontinyent es uno de los núcleos carlinos más relevantes del País Valencià. Las evidencias: el numeroso contingente de voluntarios que aporta al ejercito carlino en la última de las guerras i las graves dificultades de los diferentes gobiernos municipales que se suceden durante el tercio central del siglo para poder articular una administración efectiva y eficiente del Ayuntamiento. Es el momento también del nacimiento de La Previsora (1884), embrión del actual Caixa d’Estalvis d’Ontinyent.

Al mismo tiempo, la aportación humana de Ontinyent al sistema político liberal será notable. Una generación entera con figuras tan relevantes como el mejor compositor del siglo, Josep Melcior Gomis i Colomer; Miquel Osca i Guerau, Lluís Maians i Enrique de Navarra, ministres i president de les Cortes Españolas en diversas ocasiones; Enric Dupuy de Lôme, diputado en cortes y embajador en Whasington durante la guerra de Cuba; Josep Iranzo, diputado en cortes y alcalde de València; els Nadal, etc.

Pero hay sombras causadas por las coyunturas difíciles, como los diferentes episodios epidémicos: tifus en 1812 por el paso de un hospital de campaña (Albaida), ciclo del cólera en 1834, 1854-1855, 1865, 1885 i 1890; lluvias torrenciales y riadas en 1885 (riada de Sant Carles).


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